Category: Politicos


El poder Aleman

Alto mando Aleman

Propaganda donde nos mustra a los imperios centrales enfrentarse a los demas

Wilhelm II (1859-1941)

Wilhelm II de Alemania

Tercer emperador de Alemania (1888-1918) y noveno rey de Prusia, nacido en Berlín, hijo del príncipe Federico de Prusia y la princesa Victoria de Inglaterra, y fallecido en Doorn. Exaltado al trono en 1888 por la muerte de su padre, Federico III, hizo gala de una energía exuberante en el manejo de los asuntos de gobierno, tanto interiores como exteriores, y en la dirección de la Armada y el Ejército.

Deseando gobernar personalmente, hizo dimitir (1890) a Bismarck la cancillería, que fue en adelante instrumento dócil de sus deseos imperiales. Ardiente defensor de la teoría del derecho divino de los reyes y autócrata furibundo por tradición y temperamento, estremeció a Europa con sus discursos que revelaban una exaltada noción de su superioridad imperial y pregonaban su decisión de mantener las altas tradiciones monárquicas de los Hohenzollern.

Ganoso de acrecer el poderío germano y de conseguir para su país un alto puesto en la esfera de la Weltpolitik, no perdió ocasión de llevar a efecto una audaz política de expansión colonial. Cultivando la amistad con Turquía, fomentó al mismo tiempo los intereses comerciales y financieros de Alemania con el Próximo Oriente. Su íntima relación con el Ejército y su creación de una poderosa Armada le proporcionaron los medios de defender sus intereses.

En el orden interior surgió un factor insoslayable: el auge de la social-democracia, que, a pesar del sentido de autocracia imperial de que estaba imbuido el emperador, obligó en varias ocasiones a tolerar el abandono o la derrota, por reaccionarios o imposibles, de diversos proyectos.

Vittorio Emanuele Orlando

(Palermo, Sicilia, 1860 – Roma, 1952) Político italiano. Licenciado en Derecho, llegó muy pronto a la cátedra universitaria, primero en Palermo y a partir de 1901 en Roma. Entró en la política como diputado del Partido Liberal en 1897. Se acomodó de modo profundo a la sociedad de su tiempo, por lo que pudo mantener una posición abierta en relación con los nuevos problemas políticos y sociales.

En 1885 había publicado una de sus mejores obras: Sobre la resistencia política individual y colectiva, en la que examina la solidez de las instituciones democráticas y sus relaciones con el individuo, preocupado en salvar la libre voluntad de este último en el juego de las fuerzas políticas. Excluía una revolución política, dadas las condiciones de la Italia de entonces, en tanto que admitía el peligro de una revolución social; y los movimientos producidos al poco tiempo demostraron cuán justa había sido esa previsión.

Un sincero espíritu democrático llevó a Orlando a apoyar, a comienzos del nuevo siglo, el experimento de Giolitti, con el que éste intentaba establecer nuevas relaciones entre el Estado y los ciudadanos, que llegarían a ser totalmente iguales: dijo él entonces, en oposición a los temores y los miedos de los conservadores, que la política interior de Giolitti aparecía conforme a la ley y al derecho, aprobando así, con su opinión de ilustre jurista, la nueva dirección del Gobierno. Con el mismo Giolitti fue ministro, una primera vez, de Instrucción Pública (1903-1905), y por segunda vez, de Gracia y Justicia (1907-1909).

Hombre todavía tenazmente vinculado a las pasiones del “Risorgimento” italiano, sintió verdaderamente la primera conflagración mundial como guerra de la nacionalidad, como la guerra que había de completar el largo proceso de la unificación italiana. Así, cuando después de la derrota de Caporetto, sucedió a Boselli en el cargo de primer ministro, con sus grandes cualidades de animador y con su profunda confianza en la justicia de la causa arrastró a todo el país a la revancha y a la victoria. En tales momentos, dio libre curso a su pasión nacional, porque, si algún defecto tuvo, como ha escrito Marcello Soler¡, fue “el de desconfiar de su idealismo y de sus flamantes cualidades, que trató algunas veces de amortiguar por temor de parecer un ingenuo”.

Después de la guerra, defendió en la Conferencia de la Paz los derechos de Italia; pero se enfrentó con la oposición entre las aspiraciones nacionales y las tendencias imperialistas, de modo que prefirió regresar a Italia antes que suscribir peligrosas renuncias. Poco después, puesto en minoría en la Cámara, hubo de dejar el cargo a Nitti, que había sido uno de sus oponentes.

Georges Clemenceau

(Mouilleron-en-Pareds, 1841 – París, 1929) Político y periodista francés. Como periodista y líder de la izquierda parlamentaria, fue uno de los hombres más influyentes de la política francesa de fines del siglo XIX. Durante su segundo mandato como primer ministro (1917-1919), lideró el esfuerzo de guerra que condujo a Francia al triunfo sobre las potencias del Eje, y desempeñó un papel esencial en las conversaciones de paz que concluyeron en el Tratado de Versalles, consagrándose como una de las figuras más relevantes de la política de su tiempo.

Fue el primero de los seis hijos de una familia humilde. Nacido y criado en una región de fuerte tradicionalismo, Clemenceau recibió, sin embargo, desde muy niño, la influencia anticlerical y progresista de su padre, Benjamin, imbuido de los ideales de la Ilustración y de la Revolución Francesa. A los doce años ingresó en el Liceo de Nantes. Durante su época de estudiante en dicha ciudad se introdujo, por mediación de su padre, en los cenáculos políticos opuestos a Napoleón III y conoció a hombres notables del republicanismo radical, como el gran historiador Jules Michelet.

Su carrera política comenzó nada más iniciarse la Tercera República, en septiembre de 1870, cuando fue nombrado alcalde del distrito XVIII (barrio de Montmartre) de la capital francesa, donde desarrolló una importante labor social. En las elecciones de febrero de 1871, fue elegido diputado a la Asamblea Nacional por el departamento de Sena, en las filas de los republicanos radicales. Durante la Comuna de París, intentó mediar sin resultado entre el gobierno de Adolphe Thiers y el gobierno de los Comuneros, lo que le llevará a dimitir tanto de sus funciones de diputado como de alcalde de distrito.

Reelegido diputado por París en las elecciones generales de 1876, se impone como jefe de la oposición de extrema izquierda, luchando por la amnistía de los Comuneros, la separación de la Iglesia y del Estado, y en contra de la política colonial de Francia. Su oposición a las intervenciones militares francesas en el canal de Suez y en el Tonkín, así como su lucha por la supresión del Senado lograron la caída de varios gobiernos, lo que le valió el apodo de “El Tigre”.

Fue uno de los artífices y destacados negociadores de la Conferencia de Paz de París en 1919. Durante la firma del Tratado de Versalles, formó parte de los que apostaban por castigar severamente a Alemania. El presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, y el primer ministro británico, Lloyd George se oponían a esta visión de la situación y evitaron que los planes de Clemenceau se cumplieran en su totalidad. Mantuvo durante toda su vida la postura que Alemania había sido tratada de forma demasiado benevolente, por lo que varios historiadores contemporáneos le consideran en parte responsable de los errores del Tratado de Versalles.

Woodrow Wilson (1916)

Woodrow Wilson (1916)

28.º presidente de los Estados Unidos de América (Taunton, Virginia, 1856 – Washington, 1924). Hijo de un pastor protestante, estudió en la Universidad de Princeton, en donde más tarde trabajó como profesor de Derecho Constitucional (desde 1890) y llegó a ser rector (1902-10).

Durante sus dos mandatos como presidente (1913-21) llevó adelante el programa de la Nueva Libertad, consistente en reforzar la intervención del poder central en apoyo de la democracia: reorganizó el sistema bancario americano con la creación de un banco central (la Reserva Federal, en 1913), creó un impuesto federal progresivo sobre la renta personal, introdujo la elección directa de los senadores por sufragio universal, extendió el derecho de voto a las mujeres, empleó la fuerza del Estado para luchar contra los monopolios y trató de frenar el consumo de alcohol con la ley seca.

Pero fue en la política exterior en la que hubo de asumir los mayores retos. Ante los ataques de que era objeto el suroeste de los Estados Unidos por parte de Pancho Villa, envió una expedición militar a México en 1916, aunque no consiguió capturarle.

Hasta entonces, Wilson había mantenido la neutralidad de los Estados Unidos en la Gran Guerra europea declarada en 1914, continuando de esta forma la tradicional política exterior aislacionista del país; en la campaña electoral de 1916 utilizó profusamente la neutralidad como argumento. Sin embargo, en 1917 se vio obligado a romper sus promesas de neutralidad, ante los ataques submarinos alemanes a la navegación en el Atlántico y el temor a una alianza de México con Alemania para arrebatar territorios a los Estados Unidos (plan descubierto por el Telegrama de Zimmermann).

En 1918 el presidente Wilson formuló un programa de 14 puntos que debían inspirar los tratados de paz y el orden de la posguerra: un programa intensamente moral, democrático y pacifista, que preveía la abolición de la diplomacia secreta, la libertad de navegación en todos los mares, la reducción de armamentos, la liberalización del comercio y la constitución de una Sociedad de Naciones que garantizara el arreglo pacífico de los conflictos. Para solucionar los contenciosos fronterizos, Wilson proponía aplicar de forma general el principio de las nacionalidades, dando la independencia a los pueblos con identidad cultural propia que habían estado sometidos al Imperio Austro-Húngaro, al Imperio Otomano o al Imperio Ruso.

Pero, terminada la guerra, Wilson se trasladó a Europa para participar en la Conferencia de Paz de París (1919) y allí descubrió la realidad de la política internacional, marcada por el revanchismo y las ambiciones territoriales de los vencedores. Decepcionado por los compromisos que se vio obligado a aceptar, regresó a Estados Unidos sin otro éxito significativo que el de haber conseguido que se creara la Sociedad de Naciones.

David Lloyd George

Nacido en Manchester e hijo de un director de escuela. Se unió muy joven al Partido Liberal (Whigh) y a los 27 años fue elegido para la Cámara de los Comunes. Desde muy pronto militó en el ala más radical del partido.

Ministro de Hacienda de 1908 a 1915. Ministro de Municiones de 1915 a 1916. Finalmente lideró el país como Primer Ministro desde 1916 a 1922. Brillante dirigente del país en la fase final de la guerra, fue uno de los protagonistas del Tratado de Versalles, donde defendió una politica más conciliadora con Alemania. Presentó un proyecto de Home Rule para Irlanda en 1920 que permitió dos años después la proclamación del Estado Libre de Irlanda, tras la firma en 1921 del Tratado Anglo-irlandés. Los conservadores abandonaron el gobierno de coalición en 1922 en protesta por el Home Rule irlandés y por el apoyo que Gran Bretaña brindó a Grecia en su guerra contra los turcos. Lloyd George dimitió y se convocaron unas elecciones generales que dieron la victoria a los conservadores. Fue reelegido miembro del Parlamento y actuó como líder de la oposición hasta 1931.

Aunque reconocía la extrema dureza con la que Alemania fue tratada e, incluso, tuvo un encuentro con Hitler en 1936 en un intento de persuadirle de no utilizar la violencia, se opuso a la política de apaciguamiento propiciada por el conservador Chamberlain. Poco antes de su fallecimiento, que tuvo lugar el 26 de marzo de 1945, se le concedió el título de conde.